Me ha gustado siempre pensar que el progreso se consigue construyendo un futuro mejor, sin mirar con añoranza al pasado, sino todo lo contrario, superándolo y progresando con ello.

Me deja atónito el hecho de que muchos líderes políticos se apoyen en el pasado como su mejor futuro, cortos de miras y desconocedores de nuestra historia más reciente, se agarran a la demagogia de otro tiempo que pudo ser mejor pero sólo fue nefasto. No entiendo como muchos creen en el progreso como una vuelta atrás, como una repetición de los grandes errores políticos del siglo XX. De lo que estoy seguro es que la historia debe servir para evitar los peores acontecimientos. Inspirémonos en  ella para construir un futuro mejor.

No quiero decir que no sea importante conocer la historia para comprender nuestros errores, para saber de ellos y nunca caer en los mismos, pero me cuesta entender como muchos políticos sólo encuentran en la añoranza de un mundo idílico, que nunca se materializó perfecto, nuestro porvenir. La historia como testigo del pasado, aviso del presente y, sobre todo, advertencia del futuro, no es ni más ni menos que una clara visión de que el progreso sólo se puede construir desde los cimientos del pasado.

El liderazgo que necesitamos en estos momentos debe evitar el egoísmo       corto-plazista, de los que pescan con las redes del populismo, podemos construir una sociedad mejor para nuestros hijos.

¿De verdad queremos para nuestros hijos el dramático pasado de nuestros abuelos? Opino que la mejor sociedad que podemos dejar a nuestros hijos pasa por la transformación de la que vivimos, y considero que siempre fue doloroso el cambio, pero necesario para nuestro progreso.

Si actuamos sólo pensando en el egoísmo de nuestro presente dejaremos a nuestros hijos una mala herencia. Por el contrario, si miramos al presente con esfuerzo, dedicación y sacrificio, levantaremos para nuestros hijos un futuro mejor que el que recibimos de nuestros padres y consecuentemente progresaremos.

Nosotros no queremos mirar atrás, sino edificar un futuro mejor y adecuar nuestro presente para conseguirlo. El verdadero progreso requiere renovación, cambio, transformación e innovación; es la mejor herencia que dejaremos a nuestros hijos.

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